jueves, 29 de diciembre de 2011

Hoy me he levantado con la misma sensación de todos los días: todo es igual.No es malo, ni bueno, ni regular.Es normal, todo.Si miro por la ventana sigo viendo a la misma gente que pasea siempre para hacer un amago de cambiar de forma de vida (amago que siempre acaba por deshacerse con el tiempo, y acaban cediendo a seguir soportando largos años de monotonía).Si salgo a la calle, hago lo de siempre, tratando también de olvidarme un poquito de los días que me persiguen y se repiten, cayendo sobre mí como fichas de dominó, formando alguna figura abstracta y sorprendentemente grande.A veces pienso que estamos destinados a eso: a caer en espiral sobre nuestros días, a que cada 24 horas un espejo nos refleje las 24 anteriores, y las repitamos como polillas al rededor de una bombilla, ciegas de tanto girar ante una luz.Simplemente, nos da igual, ¿sabes? Es lo de siempre, y siempre nos conformamos.¿Por qué? No lo sé, sinceramente, y no me importa.Si pudiera lo cambiaba, giraba esta esfera en la que vivimos presos de lo típico y me limitaba a que cada día fuera un día más alucinante que el anterior; conocer gente, conocer mundo, vivir al límite digamos...Y no digo que no me guste mi vida, ¡qué va! Mi vida es la vida que he elegido vivir, y lo cierto es que no tengo queja alguna.Han sido mis decisiones las que me han llevado por este camino, ¿o no? Y todo lo que tengo es por algo, si es que me lo merezco.Tengo días malos, días buenos, días en los que habría sido mejor no levantarme por pisar con el pie izquierdo...y días como este en los que, simplemente, me limito a dejar caer un segundo tras otro, mirando por la ventana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario